Sucesos

NAVAJAZOS EN EL ENTRERRÍOS

La Unión Vascongada, 1898-08-28

Detallando el suceso ocurrido anteanoche en Pasajes a bordo del vapor Entrerrí­os, suceso de que nos dio extensa cuenta en la madrugada de ayer nuestro activo corresponsal en aquel punto, diremos que el herido Guxamre Alexandre continúa en un estado relativamente satisfactorio.

Su herida no reviste la gravedad que el doctor, que en un principio le asistió, creí­a pues un posterior reconocimiento a permitido observar que el arma clavada, como dijimos sobre la tetilla derecha, siguió la dirección de izquierda a derecha sin profundizar demasiado ni lesionar órganos de importancia.
Sin embargo, el herido que sufrí­a ayer las consecuencias consiguientes a una gran pérdida de sangre, tardará bastantes dí­as en curar.
A bordo del barco quedó solí­citamente atendido, siendo ayer visitado por numerosas personas a quienes el hecho habí­a impresionado.

El supuesto agresor, que los carabineros de a bordo detuvieron y más tarde puso a su disposición el capitán del barco, fue ayer entregado con las formalidades debidas al agente consular de Francia en Pasajes, a quien correspondí­a intervenir en las diligencias sumariales.
De acuerdo con el capitán del buque convino el agente consular citado en permitir al detenido, que también es italiano, la continuación del viaje en aquel vapor, por no haberse podido aclarar que el supuesto autor tuviera participación en al delito.
Distinguióse sí­ en la contienda, y fue el único que trató de huir, pero dice que huyó «porque temí­a que le matasen a él también». El padre del herido dijo a su vez que sólo confianza le inspiraba aquel sujeto, puesto que sólo protestas de amistad y compañerismo habí­an recibido de él durante el viaje.

Como se ve, en el asunto hay muchas nebulosidades.
En la reyerta tomaron también parte algunos españoles y sobre éstos dirí­gense ahora las sospechas de culpabilidad.
Entre las escotillas núms. 1 y 9 de proa, donde ocurrió el suceso se hallaron ayer de madrugada, caí­dos allí­ sin duda al intentar arrojarlos al mar un tosco puñal de dos filos, como de 20 centí­metros de longitud, una vaina de cuero y una navaja de las llamadas»podaderas».
El herido, a quien en un principio se pensó traer a tierra, continuará su viaje, durante el cual se tratará de descubrir al verdadero autor del navajazo.