UN TIPO POPULAR: Santos Orbegozo (Pilili)

Los Tres Pasajes, nº 10, 1952

Aquí tenemos a San­tos Orbegozo Tolarechipi, que es el verdadero nombre del simpático “Pilili”, uno de los hombres más popularmente estimados en Ancho.
Imaz le ha hecho una caricatura sencilla –como el propio “Pilili”– y original como el mismo Santos. Pero, a decir verdad, nos pare­ce remedando al “cashe­ro” del cuento “un po­co, bastante, demasiado” recargada en la nota simbólica. Porque el buen humor casi cons­tante de nuestro hombre, no nace del contenido de una botella, no, sino de su natural filosófico y “arlote”. Cada cual es como es, y nada más. ¡Qué caramba!.
Orbegozo nació en las Casas Baratas, lo cual ya es una eficaz credencial de “anchota­rrismo”, y quiere a su pueblo como el que más.

Es hombre laborioso y dinámico. Díganlo, si no, en el almacén de Orive, donde trabaja de peón. La explosión fatalmente inoportuna, de la espoleta de una bomba de Aviación en ocasión en que nuestro hombre tenía dicho artefacto en la mano, se le llevó ésta y un ojo. Pero esta doble desgracia, contra lo que hubiera podido esperarse de otro hombre de menos temperamento, no le afligió hasta el punto de hacerle perder el humor. Por el contrario, le ha hecho más filósofo …
Teniendo parientes, “Pilili” prefiere vivir sólo en su piso, sin huéspedes ni “interinas”, efectuando él todas las labores inherentes a una casa y comiendo y cenando en un bar: el Royalty.
Todas las chicas de Ancho, a cuyo paso expri­me su magin Orbegozo para dedicarlas los más floridos piropos, le tienen una extraordinaria sim­patía.

La popularidad de que goza en el pueblo se extiende a todo el puerto, a cuyos barcos suele lle­var el suministro, trayéndose, a la vueltaja media­na o la merluza (dicho sea sin intención) que le re­galan sus amigos los marinos.
Sus dichos y hechos, ocurrentes e inofensivos, son celebradísimos en el pueblo. Algunos, hasta hacen pensar… Para algo es filósofo, “Pilili”. ¿Que el vino suele estimular, a veces, su natural humorístico? De acuerdo. Pero de eso, a lo que pudieran figurarse los mal pensados al ver la carica­tura que le ha hecho Imaz, media un abismo….