El Puerto de Pasajes,
anhelo de la industria regional

Los Tres Pasajes, nº 4, 1946

y gran instrumento de riqueza para toda la nación

Entre las faustas noticias que para la vida y progreso de nuestra capital y provincia hayamos podido conocer últimamente, no tiene ninguna, la importancia y trascendencia que la que se nos comunicó en la referencia del 10 de mayo último, en virtud de la cual se autorizó a la Junta de Obras del Puerto de Pasajes para emitir obligaciones por valor de 100 millones de pesetas.
El Puerto de Pasajes constituye, en su última evolución y desarrollo, una de las necesidades más apremiantes de nuestra ciudad y provincia. La vida ya pujante en Guipúzcoa ha buscado por todos los medios, en los últimos tiempos sacar a flote este proyecto y darle la máxima realidad posible. Anteriormente protestaban todos los organismos vivos de nuestra población del estado de abandono en que el predicho puerto se encontraba, buscando por todos los medios que se habilitara el instrumento del puerto como la primera aspiración de la provincia, ya que de por sí este medio nato de comunicación puede ser el alma, nervio y músculo de la actividad de nuestra región, que incorpore a la vida intensa de construcción y tráfico toda la producción y vida comercial guipuzcoana.

CONSTANTE PREOCUPACIÓN DE GUIPUZCOA
El puerto de Pasajes ha sido constantemente una de las preocupaciones más intensas de esta provincia. Esta cada día se daba cuenta de los caracteres agudos que ese problema presentaba. Prueba de esto los repetidos acuerdos de los representantes de los pueblos en las Juntas Forales excitando a la Diputación a intervenir y solucionarlo en las juntas. Más aun, la red tupida de los ferrocarriles del Norte y costeros, estaban pidiendo esa prolongación a través del mar. Recuérdese cómo a raíz de la terminación del ferrocarril del Norte, inaugurado el 15 de agosto de 1864, las Juntas de Segura, que habían ofrecido al Gobierno una subvención anual de 200.000 reales de las Cajas de la provincia, votaron después un apoyo más decidido, ofreciéndose en la empresa o sociedad que se formase.
Estas decisiones de las juntas Forales se repiten, en sentido más apremiante aún, en los años de 1870 en Zumaya, de 1869 en Fuenterrabía, siendo causa de que el Diputado General llevase instancia en 8 de noviembre de 1869 al Ministerio sobre la ejecución de las obras del puerto.

EL PUERTO DE PASAJES PREOCUPACIÓN NACIONAL
Esta solicitud de las provincias vascongadas, hizo que el Gobierno empezase a preocuparse también del problema. Así en 4 de marzo de 1863, se ordenó el estudio de un anteproyecto de obras, cometido que llevó a cabo el.ingeniero don Francisco de la Sarga en diciembre de 1866 y que fue aprobado en 7 de abril de 1866, siendo también este ingeniero quien formula en 1868 por encargo de la Diputación un plan de obras reducido.
Culminaron todas estas negociaciones en el decreto de 8 de febrero de 1870 y en la ley de 12 de mayo del mismo año que constituyó la base de la vida del puerto hasta el año 1927. La ley modificaba profundamente lo dispuesto en el decreto, se declaraban en éste las obras como provinciales, pero ajustándolas a un proyecto del Estado y se le negaba el derecho de introducir en él modificaciones sin previa autorización. La explotación del puerto quedaba a perpetuidad a favor de la Diputación. La ley, por el contrario, limita ésta a 90 años, retrotrae al Estado el puerto al cabo de dicho plazo y señala límites para la ejecución del mismo, sin determinarlos categóricamente dada la tradicional seriedad y garantía de la Diputación de Guipúzcoa.
Una nueva etapa se inició cuando la Diputación fue sustituida por la Sociedad General del Puerto de Pasajes, mediante transferencia aprobada por la Superioridad comprendiendo desde 1884 hasta fines de 1893. En este decenio se construyeron por la Sociedad la casi totalidad de las obras de la segunda parte del puerto, invirtiéndose m ella un crecido número de millones de pesetas. En la primera parte de la misma conoció una de las épocas de mayor florecimiento este puerto.
La propiedad y obras del mismo, tras de un larga expediente que duró numerosos años y dio lugar a frecuentes incidentes, pasaron a poder del Estado en 1926. La ley de 21 de mayo de este año fue la base de la escritura de traspaso y de la constitución de la junta de Obras de Puertos que rige actualmente. En esa época, la Junta acordó en su primera sesión solicitar una emisión de valores de 2.623.244 pesetas que le fue autorizada por Real Orden de septiembre del mismo año.

El puerto de Pasajes entra en una nueva fase. Se ha sacado de sus condiciones naturales todo el partido que podía esperarse. Es necesario dar lugar a la explotación industrial. Y hacia ella va probablemente encaminada toda la actividad de esta nueva etapa.
Se aspira a que los barcos de todas las características y dimensiones, con la intensidad y rapidez que exige el momento, puedan encontrar holgada cabida en los límites del puerto. Se desea ponerle en la misma línea de progrese que todos los demás puertos, ya que hoy ha quedad rezagado y está además en manifiestas condiciones de inferioridad por comparación a otros de su categoría e importancia.
Estas transformaciones que todos los puertos ejecutan paulatinamente, han de hacerse en Pasajes con toda rapidez ganando el tiempo perdido y construyendo en breve espacio lo que debía estar ya ejecutado.